Portada de la reedición italiana de 1973
JUAN CAPRA
UN HOMBRE EXTRAORDINARIO - Por Isabel Allende
Pintor y folklorista, pero, sobre todo, un tipo de gran
calidad humana.
HACE mucho tiempo -años- que venía oyendo hablar de Juan
Capra. "Un artista excelente", "uno de los mejores pintores de
Chile", "canta mejor de lo que pinta", "pinta mejor de lo
que canta", "el último romántico", "un puro" ... son
algunas de las cosas que oí decir de él. Cuando supe que había vuelto de Europa
después de muchos años de vagabundeo, traté de ubicarlo, pero costó bastante
rastrear su pista, porque desde que llegó ha estado aislado, casi escondido
lejos de esa horda de amigos y admiradores que en su ausencia vivieron
preocupados de él y fomentando la leyenda de Juan Capra.
Llegué a entrevistarlo con un nudo en la boca del estómago,
como siempre ocurre cuando uno enfrenta algo muy esperado. Sin embargo, al
cruzar el umbral de la pieza que arrienda Juan en ese lugar, se respira un aire
diferente y se pierde inmediatamente la sensación de angustia al estrechar la
mano pequeña y firme del artista. Un apretón de manos auténtico, mirando a los
ojos, como ya no se dan hoy día. Enseguida hay que sentarse en un colchón en el
suelo, tomar mate cebado por una tetera que calienta las nalgas en un brasero y
hacerse la lesa cuando se acalambran las piernas. Todo lleno de afiches,
fotografías, carátulas de discos grabados por él en Europa, algunos dibujos,
-muy pocos- y sobre todo la presencia de Juan Capra que llena todo. Es bajo,
extremadamente delgado, un rostro de adolescente atormentado a pesar de que ya
cumplió 34 años, una visible cojera que le da un aire vulnerable y una gran
ternura que le salta por los ojos. Empieza a contar su vida con voz apagada y
antes de medio minuto me siento su amiga.
“A los trece años entré a estudiar en cursos vespertinos en
Bellas Artes” dice. “Tenía facilidad para el dibujo y la pintura, y como desde
los cinco años tenía una extraña enfermedad parecida a la hemofilia, mis padres
pensaron que el arte era un buen camino para un tipo tan mal dotado para la
lucha por la vida como yo.”
Esta enfermedad ha sido una cruz en la vida de Juan Capra,
aunque él dice que ahora se ha mejorado casi completamente. Desde niño hizo una
vida anormal. Cualquier golpe por pequeño que fuera, significaba una hemorragia
interna o externa que podía tirarlo a la cama por un mes. Hospitales, remedios,
tratamientos, exámenes. Una debilidad física que lo mantenía al margen de
muchas cosas, pero que no conseguía convertirlo en un amargado o resentido,
sino al contrario, preservarlo en un increíble estado de pureza mental. Estudió
ocho años en Bellas Artes. Con un grupo de artistas arrendaba una gran casa en
la calle Carmen (actualmente es la Peña de los Parra) donde tenía su
casa-taller. Allí recibió a alojar a Regis Debray y su futura mujer Elizabeth a
quienes había conocido en Cuba.
- “En 1961 fui con una delegación de artistas a Cuba,
invitados a hacer un mural en conjunto en la Sierra Maestra” -cuenta Juan. “Allí
conocí a Regis y cuando él vino a Chile se quedó en mi casa un par de meses. El
me invitó después a París: una tentación enorme. Fui a pintar y conocer.”
Juan Capra desembarcó en Italia, donde lo recibieron con los
brazos abiertos unos amigos chilenos que rápidamente le ubicaron hasta un
trabajo. Se quedó en Roma un año y medio, así es que la invitación de Debray se
postergó. Juan cantaba canciones folklóricas, con lo que ganaba bastante dinero
y además pintaba, su verdadera vocación. Como pintor tuvo mucho éxito. Expuso
en representación de Chile, junto a artistas de muchas otras nacionalidades, en
la Condotti Street Gallery y también en la Galería 88.
Entre las cosas raras que le han pasado a-Juan, en Roma
vivió en casa de un "fakir" a la italiana.
-“Ese "fakir" era Pietro Savitry, un tipo fabuloso
que inspiró a Fellini para su película La Strada. Este hombre tenía un palacio
antiguo y arrendaba piezas a artistas e intelectuales.”
Además de pintar, Juan cantaba con el Nuovo Canzioniere
Italiano, un grupo de investigación y difusión del arte popular, muy conocido
en Europa.
-¿Estudiaste canto y música?
-“No -responde -. En Chile había trabajado con el conjunto
Millaray, Violeta Parra y otros amigos artistas me habían enseñado algo, fuera
de algunas giras por el campo para recopilar. En Europa grabé 5 long-plays y 4
discos chicos. El primero fue de folklore chileno, con canciones de la Violeta,
Víctor Jara y otros. También había una compuesta por mí sobre el Che Guevara
... algo así como "Ay compañero déjame llorar / que lo están matando por
tu libertad / ya le disparan al corazón/ sangre que brota alumbra el sol …".
En Italia participó en varios festivales de música, en Spoletto, Salerno y
Torino y trabajó en la televisión. A fines del año pasado ganó un galardón muy
codiciado: el Grand Prix du Disque, Académie Charles Cros", con su disco
"Chili Canta a lo Humano"
De Italia se fue a París en 1965 donde se dedicó a pintar,
grabar música, cantar folklore latinoamericano y vagar un poco. Hasta que de
repente se enfermó gravemente. La enfermedad no es ninguna novedad para él,
acostumbrado a cargar con un físico muy desleal que en cualquier momento podía
fallarle, pero en esa ocasión estuvo al borde de pasar a mejor vida. Pero no
guarda un mal recuerdo, todo lo contrario.
"-A través de la gente que me presentó Regis Debray
obtuve un trabajo que estimo maravilloso: por un año dirigí un taller de
pintura, como psicoterapia, para un grupo de enfermas en el "Hospital
Psiquiatrico de Ville Evrard" en las afueras de París. El Mussee de A Brut
se interesó por algunas de obras que allí se produjeron.”
Después de eso lo invitó el club Mediterranée en calidad de
folklorista en una travesía en barco de lujo a Sudamérica. Ida y vuelta gratis.
Dos meses a cuerpo de rey. Así llegó a Chile, donde se quedó poco tiempo y
volvió a partir Europa. Estuvo en Italia, Francia, Inglaterra, Suecia y
Holanda, con su pintura y su canto. Hasta teatro hizo en Suecia. Habla francés,
italiano e inglés (y algo de alemán) así es que se las arreglaba en todas
partes. También tuvo una beca por un año en Madrid. del Instituto de Cultura
Hispánica, y luego regresó a Italia. Por último, llego a Chile en octubre de
1970 a ver su gente y lo que estaba sucediendo política mente en su tierra.
Aquí está ahora, siempre solo.
-¿Nada de novias? -pregunto con la indiscreción de una
comadre de aldea
-He tenido varias. He estado a punto de casarme muchas veces
-me cuenta muy serio Juan Capra. La primera vez con una bailarina argentina.
Pero me fui a Cuba y entretanto ella se lesionó la columna vertebral y no pudo
seguir en el Ballet. Cuando volví la encontré totalmente cambiada. Era otra
persona. Lo único que quería era irse a casa de sus padres en Argentina ... y
se fue al hoyo el matrimonio. Después quise casarme con la empleada doméstica
de una pensión en que yo vivía ... Era hermosa como un cuadro de Gauguin, tenía
un niño y lo único que yo quería era irme con ella al campo para pintarla
eternamente. Tuvo el buen ojo de rechazarme. Ahora pienso que habría sido un
desastre esa unión. También en Europa tuve novia, una islandesa, pero estuvimos
separados mucho tiempo, nos escribíamos y prometíamos encontrarnos, pero el
amor murió de muerte natural y ahora ni siquiera sé dónde está.
-¿No quieres casarte ahora?
-Sí -dice -. Quiero una compañera de verdad, en todo el
sentido de la palabra. Una mujer que tenga vida independiente. Que comparta mis
ideas, mis inquietudes, que sea una ayuda para mí. Estoy cansado de la soledad
y el vagabundeo, del canto, la protesta y los viajes. Quiero tener hijos,
formar un hogar ...
- ¿Tienes alguna novia en vista?
-En vista solamente ... pero eso es un secreto.
-Debe ser muy bonita.
-¿Por qué? -me pregunta extrañado.
-Porque una persona con tu sentido estético debe exigir
belleza de la mujer que elige por compañera.
-La belleza -dice Juan Capra- es algo profundo, que viene de
adentro. Está mucho más allá de la moda ... es algo que no muere.
El artista me cuenta que quiere vivir en contacto con la
naturaleza, trabajar, crear, hacer algo útil: pero por el momento está sin
planes inmediatos.
-Quiero descansar, reorganizar mi vida, meditar sobre muchas
cosas. Tengo que dejar que las cosas decanten. Creo haberme equivocado en
muchos aspectos ... Le he dado prioridad a cosas que no son importantes en el
fondo ... Me molesta mi exceso de buena fe, mi inconstancia. Soy un ingenuo, un
romántico ... y si no cambio estoy perdido.
Así es de paradójica la vida. Pensaba encontrar un
triunfador y enfrenté un hombre insatisfecho: lo sabía rodeado del cariño y la
admiración de mucha gente y lo vi solitario; pensé que conocería un artista
algo pedante y egocéntrico y Juan Capra resultó ser un hombre frágil, tierno,
vulnerable, puro y de gran calidad humana que deja una huella imborrable en
quienes lo conocen.
Revisión de prensa, transcripción, edición final web de la entrevista: Víctor Tapia

























