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● Quilapayún y Víctor Jara, cantando al mundo
Hace poco
tiempo, un disco de excelente contenido —“El cóndor pasa / Quilapayún”
(OP-80219)— marcó el debut en Japón del grupo Quilapayún. Debido a la
gran acogida que tuvo, ahora se presenta su segundo álbum.
El
magnífico grupo juvenil chileno Quilapayún, como ya se mencionó al
presentar su disco debut, es un conjunto de música folclórica formado
exclusivamente por estudiantes universitarios (en el año 1970). Sus integrantes
son: el tenor Carlos Quezada, Rodolfo Parada; los barítonos Patricio Castillo y
Willy Oddó; el bajo-barítono Hernán Gómez; y el bajo Eduardo Carrasco. Todos
ellos tocan guitarra u otros instrumentos folclóricos similares (como el
charango), y algunos también interpretan la quena andina, una flauta de
profundo carácter emocional. Junto con sus frescas armonías vocales, poseen una
capacidad interpretativa de altísimo nivel.
Por
supuesto, estudian profundamente el folclore de su país, Chile (canciones
populares y música tradicional), adquiriendo un conocimiento sólido. Pero al
mismo tiempo, también han mostrado un interés constante por la música popular
de otros países del mundo, especialmente de América Latina y España, con
quienes comparten idioma. Incluso en estas tendencias internacionales, las
composiciones e interpretaciones de Quilapayún siempre transmiten un
sentimiento de solidaridad con todas las personas. Se percibe que mantienen
siempre una clara conciencia de su misión como grupo con ideales.
El disco
que aquí presentamos resalta especialmente ese carácter internacional de Quilapayún.
Incluye no solo canciones de América del Sur y España, sino también de Israel y
Norteamérica. Además, no se limita a lo que tradicionalmente se entiende como
“folclore”, sino que incorpora también lo que podría llamarse “nuevo folclore”:
canciones modernas con autores y compositores claramente identificados. El
resultado es un LP variado, accesible y lleno de riqueza.
Este
disco tiene, además, otro aspecto importante. En él no solo participan los
miembros oficiales actuales de Quilapayún, sino también el destacado
cantante de música folclórica chilena Víctor Jara. Cantante, guitarrista y
poeta, Víctor Jara posee una voz suave y una interpretación llena de humanidad.
Aunque aún puede considerarse joven, en los últimos años se ha convertido en
una figura de gran popularidad. Cabe señalar que anteriormente formó parte del
excelente grupo folclórico chileno Cuncumén, y también colaboró en la
fundación de Quilapayún (1965). Actualmente desarrolla su actividad como
solista independiente.
Lado A
1.
Hushabye (ハッシャバイ)
En primer
lugar, se trata de una canción en inglés poco habitual dentro del repertorio de
Quilapayún, un tema perteneciente al folclore de los Estados Unidos.
Existe otra canción conocida con el mismo título, pero desde hace mucho tiempo;
sin embargo, la palabra “Hushabye” significa algo así como “duérmete” o
“arrullo”, por lo que es un título apropiado para una canción de cuna.
La
versión que aquí se interpreta, “Hushabye”, figura acreditada en el sello
discográfico a Yarrow y Stookey (Peter, Paul & Mary). No obstante,
originalmente es una canción tradicional que cantaban las madres
afroamericanas. Desde hace bastante tiempo ha sido interpretada por diversos
cantantes de folk, comenzando por Pete Seeger.
(3’50”)
2. Bailecito (バイレシート)
El
término bailecito proviene de “baile” (danza) con un sufijo diminutivo,
lo que expresa algo así como una forma cariñosa o afectuosa de decirlo. En
regiones que abarcan desde Bolivia hasta el noroeste de Argentina, esta palabra
también se utiliza como nombre de un tipo específico de danza.
Se trata
de un baile sencillo y encantador, en el que una pareja (hombre y mujer) danza
agitando pañuelos. Su ritmo combina compases de 6/8 y 3/4, característicos del
folclore sudamericano, y presenta además vestigios de escalas pentatónicas de
estilo incaico. La melodía, aunque ligera, contiene también un matiz
melancólico.
El sonido
de la quena y del charango (un pequeño instrumento de cuerda originario de los
Andes, hecho antiguamente con el caparazón de un armadillo) crea una resonancia
particular que, una vez escuchada, resulta inolvidable y evoca intensamente el
paisaje andino. También es interesante el grito inicial que introduce la
canción.
(2’24”)
3. Paloma del palomar (鳩小舎の鳩)
Esta es
una canción popular que llegó al continente europeo y se relaciona con la idea
de “Madre España”, como llaman a veces los pueblos de América Latina a la
tierra de sus antepasados. Es un canto tradicional que se ha transmitido desde
hace mucho tiempo en la región de Asturias, al norte de España.
Al igual
que ocurre con muchas canciones populares antiguas japonesas, la letra no sigue
necesariamente una lógica estricta, y expresiones como “レ・レメ・レメンデ” parecen no tener un significado concreto,
funcionando más bien como recursos fonéticos.
(1’09”)
4. Duerme, negrita (ドゥルメ・ネグリータ)
Esta obra
pertenece a uno de los compositores más destacados nacidos en Cuba, en el
Caribe: Eliseo Grenet (fallecido en 1951). Es una canción de cuna en la que,
con ternura, se invita a una niña que no quiere dormirse a que descanse.
En esta
grabación se puede escuchar como interpretación solista de Víctor Jara.
(3’36”)
5. Lágrimas de mi madre (わが母の涙)
Esta
melodía profundamente emotiva es una yaraví de Bolivia. El yaraví suele
caracterizarse por un tempo lento y una expresión melancólica, y se dice que su
origen se remonta al harawi, un canto lírico del Imperio Inca.
En países
que formaron parte de ese imperio, como Perú y Bolivia, el yaraví sigue interpretándose
hoy en día. En muchos casos, como en esta pieza, se ejecuta con instrumentos
como la quena y el charango.
(2’41”)
6. El arriero (牛車の御者)
Esta es
una canción de estilo campestre compuesta por el cantante folclórico uruguayo
Daniel Viglietti. Aunque todavía joven (nacido en 1939), recientemente ha
publicado discos LP incluso en París, destacándose como compositor, cantante y
guitarrista comprometido con su país.
La forma
musical corresponde a la huella, aunque difiere de la huella tradicional
argentina, por lo que puede considerarse una composición libre dentro de ese
estilo.
(2’01”)
Lado B
1. Mare,
mare (マレ,マレ)
“Mare,
mare” es una de las formas de danza tradicional transmitidas en Venezuela. Los
investigadores suelen clasificarla como representativa de las danzas de origen
indígena, pero en la versión aquí interpretada predominan más bien elementos de
tradición europea.
El ritmo
también responde a patrones comunes en las sociedades mestizas de América
Latina, combinando compases de 6/8 y 3/4, sin que se perciba claramente un
carácter puramente indígena.
(Continuación
de “Mare, mare”)
Según algunos estudios, el término podría referirse originalmente a un tipo de
flauta utilizada por los pueblos indígenas, pero en esta letra parece emplearse
más bien como si fuera el nombre de un jefe o figura imaginaria.
(2’26”)
2. Noche de rosas (薔薇の夜)
En este
LP, Quilapayún continúa su “viaje internacional”, y en esta ocasión nos
lleva hasta Israel, en el Medio Oriente. Este país cuenta con muchas canciones
hermosas, cargadas de misterio y una melancolía particular.
“Noche de
rosas” (Erev shel shoshanim), compuesta por M. Dor y J. Hadar, es una de
las más populares y encantadoras. Se canta en su idioma original, el hebreo, y
su significado general es:
“Noche de
rosas, salgamos al jardín. El aroma de la mirra llena el aire, y la noche
desciende suavemente. Sopla una leve brisa entre las rosas. Ven hacia mí en
silencio, es un canto de amor. La paloma alza su voz, y en tus cabellos
florecen las rosas. Mi noche de rosas, quisiera recogerte.”
(2’36”)
3. Tres bailecitos (3つのバイレシート)
Escuchemos
nuevamente un bailecito de Bolivia. En esta pieza se enlazan tres
melodías diferentes en forma de medley. Se utilizan dos charangos (o quizás
pequeñas guitarras), creando un efecto sonoro original, intenso y hermoso.
Este tipo
de riqueza expresiva es una muestra de la profundidad artística de Quilapayún.
(2’26”)
4. Girasol marchito (枯れひまわり)
Una obra
original de Víctor Jara, tanto en letra como en música. Es una canción que
parece evocar recuerdos fragmentarios de la infancia, con un tono casi onírico.
Resulta
especialmente interesante el equilibrio entre modernidad y sensibilidad que se
percibe en la composición, incluyendo su introducción y pasajes instrumentales.
(2’55”)
5. El campo de mandioca (マンディオカの畑)
La
mandioca (también llamada yuca) es un tubérculo cultivado en partes de América
del Sur. De ella se obtiene una harina conocida como tapioca, que en el norte
de Brasil constituye un alimento básico.
Esta
canción, que expresa simpatía hacia un joven que trabaja en un campo de
mandioca, está interpretada en español, aunque se cree que su origen podría ser
brasileño (el autor del texto aclara que no lo ha confirmado completamente).
(2’18”)
6. El turururú (エル・トゥルルル)
Volvemos
a España con una canción popular muy conocida, incluso utilizada como canción
de cuna. Se dice que proviene de la región de Salamanca (noroeste de España), y
en ocasiones también se le da el título de “El marido se murió”.
Aunque la
letra tiene un trasfondo algo oscuro o incluso macabro, la canción transmite al
mismo tiempo un cierto tono humorístico.
(2’19”)
7. Conejito (コネヒー)
Presentada
como una “pieza humorística”, es una canción muy alegre, típica de un bis o
cierre. El título parece referirse a un “conejito”.
En la
letra, las últimas sílabas de cada verso se “tragan” y no se pronuncian
claramente, lo que aumenta el efecto cómico de la canción. Como acompañamiento,
se escuchan sonidos que recuerdan a animales alrededor de una conejera, lo que
refuerza su carácter juguetón.
(1’34”)
[Shigeru
Hamada] (autor
del texto)
Quilapayún y Víctor Jara cantan al mundo
● Introducción
A través de este disco, se puede conocer con claridad cómo el grupo folclórico
Quilapayún y el cantante solista Víctor Jara, quienes representaban la “nueva
canción folclórica” de Chile, desarrollaban en su momento una actividad
vigorosa, llena de sueños y riqueza artística.
Como es sabido, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, llevado a
cabo por las fuerzas de extrema derecha del ejército chileno, infligió a estos
artistas —que aspiraban a realizar una sociedad ideal a través de la canción—
un golpe brutal y vil.
Víctor Jara, pocos días después del inicio del golpe, fue encontrado como un
cadáver acribillado, con ambas manos destrozadas hasta el punto de no poder
volver a tocar la guitarra. Su “delito” fue intentar animar con sus canciones a
las personas detenidas en el Estadio de Boxeo de Santiago…
Por su parte, los integrantes de Quilapayún, que en ese momento se
encontraban de gira por Europa como enviados culturales del gobierno de
Allende, lograron evitar ese destino, pero ya no pudieron regresar a su país.
Desde entonces, han recorrido el mundo sin descanso, transmitiendo el dolor y
la indignación del pueblo chileno frente a la violencia fascista.
En la primavera de 1976 se programó su primera presentación en Japón, y este
LP —originalmente producido en 1968— fue reeditado con motivo de esa visita. A
continuación, se reproduce sin modificaciones un texto explicativo escrito
algunos años antes: (y se incluyen los textos que les compartimos mas arriba de la edición original japonesa)








