jueves, 21 de noviembre de 2013

Quilapayún en Argentina.81-4240211 8198 -YXLD 1635/1636. .Emi - Odeón SAIC (Argentina) 1983. Argentina
















A 30 años de los conciertos que dieron origen a este disco, y a un segundo volumen que se editaria el año 1985, posteamos estos registros. Uno de los discos en vivo fundamentales en la historia del Quilapayún. Tal vez a la distancia no se pueda entender mucho este concepto siendo que el grupo no suena  tan a la vanguardia del sonido que estaba desarrollando por esos años cuando ya habían editado el disco La Revolución y Las Estrellas y se preparaban para la edición del disco Tralalí Tralalá, hay que entenderlo desde un punto de vista del ambiente general que se vivía por esos años: El retorno a la democracia en Argentina, y la posibilidad que este registro fuera uno de los pocos que circularon masivamente en copias piratas en territorio chileno en plena dictadura militar.

Hay interpretaciones en este disco que me han emocionado desde el primer día que las escuché, por ejemplo la excepcional interpretación de Plegaria a un Labrador, la voz inconfundible de Willy Oddó en La Carta y Pido Castigo, la primera versión que escuché del Discurso de Roberto Matta, mas un público enfervorizado que gritaba por Chile y su libertad como si estuviéramos en un Teatro Chileno.

En esta gira no está presente Patricio Wang, por lo cual no está presente el piano, y el conjunto hace el rescate de su sonido mas fundamental, el que lo había hecho crecer en la memoria desde la distancia.

Eduardo Carrasco, director de Quilapayún por esos años, en su libro La Revolución y las Estrellas, entrega una serie de antecedentes sobre esa gira y esos concierto:

Una de las experiencias más felices de estos últimos doce años, fue nuestra vuelta a la Argentina, en noviembre de 1983. Desde los comienzos del gobierno militar, habíamos esperado con ansias este momento. En 1974, habíamos programado una gira, pero no pudimos realizarla: el día en que partíamos para Buenos Aires, habiendo cerrado ya la puerta de mi casa para dirigirme al aeropuerto, alguien vino corriendo a buscarme: nuestro agente en Argentina, Lucio Alfiz, nos llamaba desde Buenos Aires. Perón acababa de morir y la gira se suspendía. Nos quedamos con las ganas. Después, vino el drama argentino y ya no hubo manera de volver. Pero ahora, el mismo Lucio, como si los años no hubieran pasado, nos llamaba para proponernos una gira. La Argentina volvió a transformarse en la meta de todas nuestras ilusiones. Nuestra cercanía con este país hermano, así como con el Uruguay, la hemos sentido durante todo este exilio. Nuestro destino común se nos ha manifestado en el dolor, en las miserias de la época negra de la dictadura, y ahora, en las alegrías del retorno al aire libre de la democracia. El drama de las Malvinas, con toda su humillación, lo vivimos como si fuera nuestro, desde el Japón, donde en esa época nos encontrábamos en gira. Todas las mañanas, pedíamos que nos tradujeran las noticias: en la TV, veíamos las imágenes sin entender nada. Como todos los argentinos, en algún momento soñamos que se podía ganar la guerra. Después, nos consolamos de la derrota, pensando que tal vez ése era el precio que había que pagar para reconquistar la democracia. Cuando volvimos a encontrarnos sobre la escena del Luna Park, cantando como en los buenos tiempos ante un público enfervorizado, que veía en nuestras canciones una afirmación de su propia libertad, casi explotamos de alegría. Todo volvía a comenzar, nada se había perdido.

Hasta ahora no he citado ninguna crítica. Debo decirles, honestamente, que los críticos siempre nos han tratado bien. Las pocas veces que no ha sido así, nuestra música no ha sido tocada, salvo en aquella ocasión en Zaragoza, cuando un malhumorado periodista nos sacó el cuero. En el diario más importante de la ciudad, escribió lo siguiente: "A los Quilapayunes deberían prohibirles la entrada. No por políticos, por malos. Esta ciudad se merece algo mejor que estos aburridores vestidos de negro, que se mandan un concierto de dos horas, con canciones insulsas y textos intelectualoides. Parece una ceremonia fúnebre. ¿Es que no hay en España nadie que pueda representar mejor el salero de la música latinoamericana? Pregunto esto, porque los contribuyentes pagamos nuestros impuestos municipales, y los delegados culturales del Municipio no encuentran otra cosa mejor que presentarnos, en el mejor teatro de Zaragoza, a este grupo de gente que de música no sabe nada. El peor concierto del año. Lo que indigna, es que todavía queden ingenuos que sigan gozando de estos velorios, en los que se canta fuerte, y más encima, desafinado...".

Felizmente, estas opiniones no las ha compartido el critico del diario bonaerense, Tiempo Argentino, que cubrió nuestra actuación en el Luna Park. A mi modo de ver, esta crítica responde muy bien, a los interrogantes que se pueden tener, frente al problema de nuestra vigencia después de trece años de exilio. El título es, "Quilapayún confirmó los fervores. Fiesta en el Luna Park". Firma, Guillermo Pintos. "Numerosas polémicas se tejieron en los últimos días, alrededor de la presentación porteña de Quilapayún y las diferencias entre su actual producción y la que conocimos diez años atrás, antes de su exilio europeo. Se usaron términos como, compromiso, desarraigo, elitismo, popular, esteticismo y muchos otros, meras palabras, reducidas a silencio ante la contundencia del talento. En los recitales del Luna Park, Quilapayún ofreció algo diferente a lo que le conocíamos, pero no hay lugar para la sorpresa. Han evolucionado, han cambiado, respondiendo a su condición de verdaderos artistas, que fueron también en sus años de barricadas".

"A través de los veintiún temas interpretados, no desaprovecharon ninguna de las posibilidades que la música puso a su alcance. Estuvieron presentes, los temas festivos con ritmos centroamericanos y letras de fresco humor, como un divertido calipso con introducción de blues para ahuyentar gorilas, traidores y fascistas al son del Malembe, una brujería afroamericana. También de raíz esencialmente africana, una de las tantas composiciones, cuyo titulo no fue anunciado, consiguió un primitivo clima tribal, que se contagió al público con su ritmo desatado y la melodía amasadora, imparable. En muchos momentos, y bajo diferentes formas, estuvo presente el humor como clave de inteligencia, por ejemplo, en un misterioso y bello vals parisiense para seis sikuris. El otro tema instrumental ejecutado, ofreció una lúcida y personal visión de la música andina, con cambios de ritmo, unísonos y contrapuntos de gran efecto. El mismo elaborado tratamiento, evidenciaron los arreglos instrumentales de temas con canto, destacándose un rico trabajo de percusión, la sutileza de los dúos de quena y la eficaz utilización de la guitarra grave".

"Por momentos, el humor se hizo absurdo, aun sin música, pero especialmente en una inteligente composición sobre palabras de un poeta surrealista chileno. A mitad de camino entre el altiplano y la música sacra medieval, con una fuerza irresistible, estremecedora, el grupo expuso en él, lo que podría ser su manifiesto político y aún moral, pero también estético. Cuando la muerte cercana, con nombre y apellidos, fue el tema de la canción, y no había rendija alguna para el humor, la música y la palabra dieron profunda voz a la rabia, al dolor y la esperanza. En ellas, la denuncia encontró un lenguaje poderoso y directo, pero estético. Una forma perdurable, dictada por la circunstancia, pero llamada a trascenderla. Haber elegido un tango de extrañas resonancias, cercanas al estereotipo, para decir la hiriente nostalgia del exilio, fue una muestra más de la nueva personalidad del conjunto. Es decir, una mayor complejidad y sutileza de concepto, que no admite divisiones entre forma y contenido, y defiende, para esa unidad que es la creación, una absoluta libertad que no desdeña, una vez más, el humor. Sobre un raro ritmo de varias guitarras, se impusieron las voces del bandoneón, y el cantante, en un todo desmesuradamente apasionado y casi grotesco. Un tango delirante y profundo, tributario de Juan Cedrón -como que éste interviene en la versión discográfica- interpretado brillantemente por uno de los barítonos, con la participación de Arturo Penón y llamado, "Re-volver"".

"Las voces cálidas y generosas, como siempre, ofrecieron algunos de los antiguos temas del grupo, y otros nuevos, coralmente más elaborados, pero todos con la misma fuerza de quien tiene mucho propio para decir. La música -cantada en este caso- vivió una verdadera fiesta en el Luna Park, confirmando los míticos fervores sobre el conjunto chileno, y fue ovacionada y compartida por un público que encontró satisfacción a todas sus necesidades estéticas y expresivas".

Muchas gracias señor Pintos, usted es un ciudadano de nuestra amada Transandinia natal, que, como dice el tango del amor lejano, siempre anduvo enredada en nuestros pasos: "pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar, y aunque el olvido que todo destruye, haya matado su vieja ilusión, guarda escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de su corazón". En realidad, todo lo que se escribió sobre nuestros conciertos de vuelta a la Argentina, fue del mismo tenor. Vivimos allí una especie de ensayo de lo que será mañana nuestra vuelta a Chile. Cuando nos encontramos con periodistas, en una conferencia de prensa, nos iluminamos con la siguiente alocución: "¡Viva Transandinia con sus dos océanos, con su cielo único, con su paisaje innumerable, con su Parra de Yupanquis, con sus Malvinas de Pascua, con su Gardel y su Gatica, con su Neruda y su Cortázar, con su decís y su dices, con su Argenchile y su Chilentina, con su Corrientes y su Alameda! ¡Transandinia unida, jamás será vencida!". Algunos pensaron que estábamos haciendo la demagogia característica de los artistas extranjeros; siempre halagando a los nacionales del país que visitan. Pero estaban equivocados, nuestros sentimientos eran verdaderos, veníamos desde demasiado lejos, en el espacio y en el tiempo, como para ser presas de los pequeños mitos de diferencia. Porque si no... ¿En qué país estábamos cuando cantamos en Neuquén o en Mendoza?

No existe ninguna ciudad más provincial que Mendoza: con justicia debería ser nombrada la capital de todas las provincias. Hermosas plazas, amplias calles con acequias, y bordeadas por frondosos plátanos, antiguas casas con zaguanes, mamparas, amplias veredas, por donde uno se pasea, y sólo dos avenidas verdaderamente comerciales, las cuales, por supuesto, se cruzan... Todo esto, bajo un cielo límpido, de transparencia cordillerana, y enmarcado en un paisaje de montes y álamos. Allí, volvimos a encontrarnos con nuestras gentes, que trabajosamente vinieron a vernos en un concierto memorable. El acontecimiento había sido anunciado en algunas revistas santiaguinas, y algunas agencias de viaje, entusiasmadas por los argumentos de nuestro amigo, Ricardo García, periodista que ha estado detrás de todos nuestros actos de presencia en Chile, se atrevieron a organizar tours especiales para los interesados. Así, llegaron a atravesar la cordillera cerca de dos mil personas, a las que se sumaron muchísimos jóvenes, que con su mochila a cuestas, llegaron haciendo autostop.

El encuentro fue emocionante: como inmediatamente se supo en qué hotel estábamos alojados, decenas de personas llegaron a conversar con nosotros, entre ellos parientes, amigos, periodistas, músicos y hasta sospechosos empresarios. Un tipo bastante raro se presentó como representante de la Boite La Sirena, una de las más concurridas de Santiago. Nos dijo que había venido personalmente desde Santiago, para contratarnos para actuar en Chile. Según él, todo estaba arreglado, el propio ministro del Interior ya había dado su aprobación, y si queríamos, podíamos viajar cuando quisiéramos a Chile. Nos ofrecía, además, 5000 US$ por actuación. Le dijimos que lamentablemente teníamos contratos de exclusividad con otros empresarios, y que, por el momento, no teníamos programado viajar a Chile. El individuo insistió, y hasta nos propuso ir inmediatamente hasta la frontera, donde nos estaba esperando su patrón. Nuestra negativa no lo descorazonó en absoluto, y días más tarde, cuando volvimos a Buenos Aires, el tipo llegó hasta nuestro hotel, insistiéndonos en su millonario proyecto.

En Mendoza, la gente nos detenía en las calles, querían sacarse fotografías con nosotros, nos preguntaban amigablemente sobre nuestra vida en Europa, como había sido nuestro exilio, si echábamos de menos a Chile. Nos abrazaban, nos pedían autógrafos, nos entregaban pequeños presentes de recuerdo. Aunque no los conociéramos, eran como viejos amigos, se sentaban a comer en nuestra mesa, nos comentaban nuestros discos, nuestras canciones. Parecían perfectamente informados. Cuando más tarde nos encontramos todos en ese estadio lleno, que gritaba por Chile, por fin, sin mordazas ni censuras, creo que ni ellos ni nosotros quedamos defraudados. En ese feísimo lugar, único sitio donde se pueden hacer conciertos masivos en Mendoza, volvimos a cantar de nuevo, con el mismo ímpetu épico de la época de las grandes alamedas. Como animales vueltos a su paisaje natural, allí volvimos a recuperar fuerzas escondidas, y nuestra euforia fue cómo un respiro de libertad y reconciliación, que no habíamos vivido en todos esos doce años. Eran los sauces que no veíamos hace tanto tiempo, era la cordillera lejana, agreste, salvaje, todavía lejos de ser domada por los hombres, era su presencia secreta, que constantemente recuerda la pequeñez humana, era nuestro suelo, nuestras rocas, nuestro pueblo. Creo que allí comenzó para nosotros el retorno; pase lo que pase ahora, lo que viene, comenzó en ese concierto. Cuando, para finalizar, cantamos la canción "Mi Patria", canción hecha en el exilio, y que nosotros pensábamos completamente desconocida en Chile, todo el público la coreó con nosotros. Para eso, no había habido distancia. Después de enviar mil mensajes de amor hacia Chile, volvimos de nuevo rumbo a Francia, con la nostalgia de nuevo dividida hacia uno y otro lado, como corresponde a quien vive con su amor exiliado.

Lado A:
1. Plegaria a un labrador - Letra y Música: Víctor Jara
2. Contraste - Música: Eduardo Carrasco
3. Luz Negra - Letra y Música: Eduardo Carrasco
4. Tío Caimán- Letra y Música: A. Chang Mary
5. Discurso sobre los derechos humanos del pintor surrealista chileno Roberto Matta pronunciado en Thorum, Polonia, en mayo de 1979 ante numerosos intelectuales - Música: Eduardo Carrasco, Letra: Roberto Matta

Lado B:
1. La Carta - Letra y Música: Violeta Parra
2. Pido Castigo - Música: Eduardo Carrasco, Letra: Pablo Neruda
3. Valse de Colombes- Música: Eduardo Carrasco
4. La muralla- Música: Quilapayún - Letra: Nicolás Guillén
5. Malembe - Letra y Música: Quilapayún
6. El pueblo unido, jamás será vencido - Música: Sergio Ortega, Letra: Quilapayún (sic)

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